domingo, 23 de enero de 2011

El Turismo Rural en España

Caserio Maribel en Aprikano

Recuerdo los comienzos del Turismo Rural en nuestro país. Hace ya 16 años comencé a hacer turismo rural por algunos lugares de España. La primera casa en la que me alojé fue en Álava, un agroturismo en Aprikano. Al frente, una mujer, Maribel. Reconozco que me cautivó aquel lugar y descubrí una manera diferente de viajar. Aquella cocina casera, exquisita. Observaba el cuidado que aquella mujer ponía en todo lo que hacía, el trato amable y entrañable, el buen ambiente que allí se respiraba. La tranquilidad, el contacto con la naturaleza, la vida del pueblo, las gentes... Tras el paso de los años, aún tengo unos estupendos recuerdos de aquel viaje. Y aquella experiencia se quedó tan impregnada en mí que desde entonces llevo el turismo rural en mis venas. Una idea se fijó en mi cabeza, algún día yo estaría en el lugar de Maribel. El turismo rural formaría parte de mi proyecto de vida. Y así ha sido. 


Desde entonces he visto como ha evolucionado en España. Lo que hace años formaba parte de un público minoritario, sufrió un boom después.

En principio se planteó el turismo rural como una ayuda económica a las familias que vivian en el medio rural, les podría aportar unos ingresos extras y a su vez zonas deprimidas, despobladas o en vías de despoblación tendrían una alternativa para su desarrollo económico. Llegaron las subvenciones de fondos europeos y comenzaron los planes de desarrollo de las zonas rurales a través de fomentar el turismo rural. Pero con estos fondos, llego la picaresca. Hay zonas en este pais que se han sabido gestionar y desarrollar adecuadamente para dar un empuje económico a su comarca. Pero no podemos olvidar que otras muchas se han quedado en simples propósitos, en simples palabras. Surgen casas por todos lados, se vende la idea de que esto es un negocio rentable donde se puede ganar dinero fácilmente. Se abren casas que cuando termina el periodo de compromiso con la subvención concedida, cierran y se convierten en casas de vacaciones. Otras, siguen alquilando pero sin realmente estar dados de alta, terminan siendo casas rurales ilegales. Otras, se ponen a la venta... Los planes de desarrollo de algunas zonas de este pais se quedan en papel tintado. ¿Cómo se puede querer potenciar el turismo rural en una zona si no se crean infraestructuras adecuadas? ¿Tan sólo dando dinero para que la gente abra casas rurales? ¿Qué profesional del turismo rural puede creer que esto va a funcionar así?


Ahora dicen, que el turismo rural también está en crisis. Yo diría que en crisis de identidad.

El turismo rural es una profesión. Una empresa de turismo rural es un negocio y es algo más, es una forma de vida.  ¿Estamos creando verdaderos profesionales de turismo rural? o ¿qué estamos incentivando? No podemos quedarnos sentados esperando que las cosas cambien. Somos nosotros los que las tenemos que cambiar. Este es un trabajo duro, no tenemos horas, el teléfono siempre conectado, los ordenadores todos los días a punto, viendo como podemos mejorar, qué podemos ofrecer a nuestros clientes, cuidando nuestras instalaciones, estando al día de las últimas novedades del sector, hablando con la gente, teniendo una sonrisa siempre disponible aunque estemos cansados... Para ser un buen profesional del turismo rural hay que amar este trabajo, este medio de vida. Apreciar y saber valorar el medio donde vivimos. Este es un medio rural, con sus peculiaridades, una vida muy diferente a la de la ciudad. El mundo rural tiene muchos valores que estamos perdiendo a pasos agigantados. Amar y convivir con la naturaleza y con “lo rural” es para muchos de las cosas mejores que nos han sucedido en nuestra vida. Pero os aseguro que también es difícil y duro. Creo que todos los que nos sentimos profesionales de este tipo de turismo o de actividades somos los primeros que nos gustaría ver un cambio positivo en nuestra zona, que la gente no se tuviera que ir porque no tiene trabajo, que entre todos fuesemos capaces de construir un lugar mejor, sin esquilmar nuestros recursos, sin hipotecar el futuro de nuestros hijos.

El turismo rural no es la panacea, no es una forma de hacer dinero fácil, de especular, de aprovecharse de las circunstancias, de crear una empresa fantasma. Es algo más serio. Ahora que se acaban las subvenciones, ¿estais dispuestos a quedaros al pie del cañón los que realmente lo vivís? Creo que ya está bien de confundir términos, de confundir el turismo rural con un mero alquiler en cualquier sitio. Aquí hay mucha gente detrás que pone todo su cariño, su esfuerzo, sus ahorros, su tiempo, parte de su vida en dar todo lo mejor para la que considera su profesión. A todos vosotros, os considero mis compañeros en el camino y desde aquí os animo en vuestro trabajo. No nos perdamos más, reencontremonos. Seguid siendo unos estupendos profesionales del turismo rural.

Ana desde Cerro Caña